Existen multitud de dudas y falsas creencias relacionadas con el mundo de la inversión, especialmente entre aquellos que carecen de experiencia en estos mercados. Muchas personas asumen que para empezar a invertir y adentrarse en los mercados financieros es necesario disponer de una gran cantidad de dinero. Algunos incluso creen que invertir está destinado solo a hacer crecer un capital ya considerable y no a construir riqueza desde cero. Sin embargo, es importante recordar que la mayoría de los inversores experimentados comenzaron sin nada.
¿Cuál es la “cantidad inicial” ideal para empezar a invertir? Para arrancar el año cuidando de nuestras finanzas, en este artículo repasamos las claves para estimar cuánto dinero necesitamos para empezar a invertir y en qué podemos empezar a operar como principiante.
Empezar a invertir con pequeñas cantidades nos permite adquirir experiencia y comprender mejor cómo funciona el mercado, sin arriesgar grandes sumas de dinero. De esta forma, podemos aprender de los errores y desarrollar nuestra estrategia de inversión de forma controlada, mientras minimizamos el riesgo de sufrir pérdidas significativas. Además, invertir cantidades reducidas nos brinda la oportunidad de probar distintos tipos de enfoques y descubrir nuestras propias preferencias y nivel de tolerancia al riesgo. Con el tiempo, podemos desarrollar gradualmente nuestras capacidades como inversores, aumentando nuestras posibilidades de éxito en el futuro.
¿Qué es un colchón financiero?
Un colchón financiero es una reserva de dinero destinada a cubrir gastos inesperados. Esta reserva proporciona un fondo de emergencia en caso de que perdamos temporalmente nuestra principal fuente de ingresos o nos enfrentemos a un evento inesperado que requiera un mayor gasto, como puede ser una avería del coche o una reparación del hogar. A la hora de construir este colchón financiero, se recomienda contar con fondos suficientes para cubrir entre tres y seis meses de gastos, ajustando esta cantidad a nuestra situación financiera y personal. Un fondo de emergencia, aunque es esencial antes de empezar a invertir, sirve únicamente como protección financiera y no forma parte del capital de inversión. Son fondos destinados estrictamente a la subsistencia y estabilidad.
La forma más sencilla de estimar el valor de nuestro colchón financiero es multiplicar nuestros gastos mensuales promedio por el número de meses que queremos que cubra el fondo. Una vez que tengamos construido ese colchón financiero, podemos empezar a calcular el capital para nuestra primera inversión. Solo después de construir nuestra propia “red de seguridad” tendrá sentido destinar una parte de nuestros ahorros a invertir. De este modo, incluso si algunas decisiones de inversión no salen como esperábamos, nuestra seguridad financiera se mantendrá. Seguir este principio ayuda a evitar situaciones en las que inversiones arriesgadas puedan poner en peligro nuestra estabilidad financiera o afectar negativamente a nuestro bienestar cotidiano.
¿Cómo calcular el capital para empezar a invertir?
A la hora de definir el capital inicial de nuestras inversiones, debemos tener en cuenta cuáles son nuestros gastos habituales. Analizar a qué destinamos nuestro dinero nos puede proporcionar información útil que nos ayudará a determinar con mayor precisión cuánto dinero podemos invertir en el inicio de nuestra aventura bursátil. En este sentido, las categorías más comunes de gastos recurrentes son:
- Alimentación, excluyendo restaurantes, que entran en la categoría de Ocio.
- Vivienda, como el alquiler, las facturas básicas o el cualquier pago de la hipoteca.
- Salud, ya sean medicamentos, consultas médicas privadas, sesiones de fisioterapia o incluso la cuota del gimnasio.
- Transporte, desde la gasolina, al mantenimiento del coche o los abonos de transporte público.
- Ocio, como el cine, salir a restaurante, al teatro o cualquier otro tipo de afición.
Para calcular nuestro coste de vida mensual promedio, deberemos sumar todos los gastos de estas categorías durante el último año y dividir el total entre 12.
Para calcular cuánto dinero podemos destinar a tus inversiones, deberemos restar de nuestros ingresos mensuales el promedio de nuestros gastos mensuales, así como el dinero que deseamos ahorrar. Una vez tengamos el resultado, podremos decantarnos por usar la totalidad del dinero o una porción.
Uno de los métodos eficaces para gestionar el presupuesto del hogar es la regla 50/30/20, un mecanismo que también puede ayudarnos a definir el dinero de nuestras inversiones. Esta regla reparte los ingresos en tres categorías:
- Un 50 % se destina para cubrir las necesidades básicas, es decir, los gastos fijos y esenciales.
- El 30 % se emplea en nuestros gustos y deseos, es decir, en gastos no esenciales.
- Un 20 % se destina al ahorro.
Si seguimos esta norma, deberemos intentar que los fondos que destinemos a las inversiones vengan específicamente de la última categoría.
Tolerancia al riesgo: otro aspecto clave para comenzar a invertir
Además de nuestras capacidades financieras, otro aspecto clave que deberemos tener a la hora de empezar a invertir es nuestra tolerancia al riesgo, ya que determinará cuál será el tamaño de nuestro capital inicial. Es importante tener claro que toda inversión implica riesgo. Por eso, debemos considerar qué potencial nivel de pérdida estaríamos dispuestos a asumir antes de empezar a operar en los mercados bursátiles.
Para todo inversor responsable, es fundamental invertir solo el dinero cuya posible pérdida no comprometa la vida cotidiana. Por ello, debemos invertir únicamente cuando tengamos la certeza de que nuestra situación financiera es estable. Es mejor dejar pasar una inversión y no ganar ni perder que tomar una decisión apresurada y perder ahorros que nos llevó meses o incluso años recopilar.
Una vez comprendamos los riesgos y conozcamos nuestros propios límites, podremos pasar al siguiente paso: elegir los activos para empezar a invertir.
¿En qué activos podemos empezar a invertir?
Dentro de los mercados financieros se pueden identificar una gran cantidad de activos en los que invertir, los cuales pueden encajar de mejor o peor manera tanto con nuestro perfil inversor como con nuestra estrategia y objetivos financieros. Partiendo de esta base, a la hora de empezar a invertir por primera vez deberemos evitar activos de alto riesgo, como pueden ser las criptomonedas o derivados. Aunque pueden resultar tentadores para los nuevos inversores que buscan obtener rendimientos significativos en un corto período de tiempo, este tipo de instrumentos son complejos, requieren experiencia y un conocimiento adecuado del mercado para poder gestionar los riesgos asociados y evitar asumir grandes pérdidas. Por eso, es recomendable evitarlos en una primera toma de contacto y comenzar a operar con activos con un nivel de riesgo intermedio, como pueden ser las acciones o los ETFs.
Las acciones son valores que se negocian en las bolsas y otorgan a sus propietarios una participación en la propiedad de la empresa que las emite. Algunas compañías también pagan dividendos periódicos a los accionistas, que son un beneficio extra proveniente de las ganancias de la empresa. Como norma general, cuanto más estable es la posición de una empresa en el mercado, menor es el riesgo asociado a sus acciones.
Los ETFs, también conocidos como fondos cotizados en bolsa, son fondos de inversión que cotizan en la bolsa y ofrecen un acceso sencillo a una amplia variedad de activos como acciones, bonos, materias primas o incluso sectores económicos completos. Además, a los ETFs los evalúan agencias especializadas, lo que ayuda a los inversores a tomar decisiones más informadas.
Calcular la cantidad de el capital inicial para empezar a invertir es un paso clave para cualquier principiante que se adentra en el mundo de las inversiones. Igual de importante es comprender los riesgos asociados a este ecosistema, incluyendo la posibilidad de perder parte o la totalidad de nuestros fondos. Conviene recordar que no existe ningún inversor que nunca haya experimentado pérdidas. Las malas decisiones de inversión deberían servir principalmente como lecciones, no como motivos para rendirse. Cada una de estas situaciones es una oportunidad para analizar qué se podría haber hecho de manera diferente: las lecciones que obtengamos de estas experiencias aumentarán nuestra probabilidades de tomar mejores decisiones en el futuro.
FAQ – Preguntas frecuentes
¿Qué es el capital inicial de inversión?
El capital inicial de inversión es una pequeña cantidad de dinero destinada a poner a prueba tus habilidades como inversor. Su objetivo es ayudarte a adquirir experiencia y conocimientos antes de comprometer sumas mayores.
¿Cuál es el propósito del colchón financiero?
Un colchón financiero es un fondo de emergencia destinado a proporcionar apoyo económico en situaciones imprevistas como la pérdida de empleo, una enfermedad, averías del coche o gastos inesperados. Te permite cubrir tus gastos cotidianos sin necesidad de endeudarte.
¿Qué son los gastos fijos?
Los gastos fijos son gastos obligatorios que una persona debe pagar independientemente de su nivel de ingresos. Algunos son el alquiler, los pagos de préstamos, la alimentación y gasolina. Conocer tus gastos fijos es fundamental para elaborar un presupuesto y alcanzar tus objetivos financieros.
¿Qué riesgos conlleva invertir y de dónde provienen?
Invertir siempre implica el riesgo de perder parte o la totalidad del capital invertido. El riesgo puede llegar de fluctuaciones de precios, la insolvencia del emisor, las dificultades para vender activos, la inflación, los eventos geopolíticos o las circunstancias individuales del inversor entre otras.
¿Qué inversiones conllevan un alto riesgo?
Los instrumentos financieros de alto riesgo ofrecen un alto potencial de rentabilidad, pero también una probabilidad significativa de pérdida. Algunos ejemplos: las Acciones de pequeña capitalización, que pueden tener un alto potencial de crecimiento pero son más volátiles y conllevan un mayor riesgo de quiebra de la empresa; los productos derivados, que implican apalancamiento y pueden amplificar tanto las ganancias como las pérdidas; y las criptomonedas, que son altamente volátiles y tienen un futuro incierto, lo que las hace arriesgadas pero potencialmente muy rentables.
¿Qué son los instrumentos financieros de bajo riesgo?
Los instrumentos financieros de bajo riesgo ofrecen menores rendimientos potenciales, pero también un menor riesgo de pérdida. Algunos ejemplos son los bonos gubernamentales, que proporcionan ingresos fijos a través del pago de intereses y suponen un riesgo mínimo de impago. Algunos ETFs, especialmente aquellos que replican índices amplios del mercado, entran en esta categoría, ya que la diversificación distribuye el riesgo entre muchos activos. Sin embargo, incluso los instrumentos de bajo riesgo conllevan cierto riesgo.